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Algunas ventajas del comercio tradicional

Jose Allende hitzaldi bateanEl tema abordado aquí resulta hoy de gran actualidad y urgencia. Su tratamiento exige una diversidad de enfoques y lecturas que afectan a aspectos socio-económicos, éticos, culturales, laborales, ambientales, de ordenación del territorio y sobre todo, al reciente y trascendental paradigma de la sostenibilidad urbano-territorial. En realidad no se trata de eliminar o escoger sólo una de las dos opciones extremas del modelo de distribución comercial: el pequeño comercio frente a la gran superficie comercial de las periférias urbanas. Se trata de buscar la posible compatibilidad… pero, claro, con una serie de exigencias, normativas, limitaciones y condiciones que, inequívocamente, no destruyan al pequeño y mediano comercio tradicional de nuestros pueblos y ciudades que hacen, de nuestras comarcas y áreas urbanas, entornos amables, alegres, diversos, socialmente equitativos, saludables y seguros, culturalmente respetuosos, accesibles y sostenibles.

En esta ocasión voy a tratar, sintéticamente, solamente algunos de los atributos positivos más relevantes que caracterizan la existencia del pequeño-mediano comercio tradicional en nuestras áreas urbanas.. Este comercio, en contraste con el hiper de periferia o gran superficie comercial, dispone de unas características y ventajas que hay que valorar, reforzar y promocionar en la nueva singladura que propicia la rehabilitación, recuperación y renovación de nuestros barrios y áreas urbanas, en el contexto del nuevo paradigma de la búsqueda de la sostenibilidad urbano-territorial.
Los pequeños y medianos comercios urbanos deben protagonizar la recuperación de la ciudad viva, segura, amable, multifuncional, comercialmente justa y socialmente equitativa, culturalmente diversa, generadora de empleo estable local así como de un circuito financiero local con el máximo de actividades económico-productivas regionales. Además, ese modelo comercial tradicional facilita la pervivencia del sector agropecuario comarcal-regional, con productos frescos de temporada y con la máxima garantía sanitaria y control de calidad.

Este pequeño comercio preserva la biodiversidad y las señas de identidad cultural tradicionales. Revaloriza lo local frente a los aspectos negativos de la globalización y uniformidad cultural pues evita o dificulta la homogeneización de gustos, necesidades y preferencias. Recupera la producción regional de alimentos, bienes y servicios así como el artesanado y las señas de identidad local. Humaniza las relaciones sociales al propiciar y mantener el trato humano amable y personalizado. Facilita la vida de importantes sectores sociales con dificultades para acceder a las grandes superficies de periferia: jóvenes, jubilados, parados, tercera edad, trabajadores… Este comercio tradicional racionaliza y frena el consumismo ciego, compulsivo y desbocado del gran hiper, ofreciendo, generalmente, más calidad y mejores condiciones en los puestos de trabajo. Permite llevar a la práctica el principio, cada vez más demandado, de “producción local-consumo local”, con todos los beneficios que implica, fomentando el consumo crítico y responsable revitalizador, además, de la vida rural del entorno, del país… Pero quizás, el aspecto que hoy más se empieza a valorar es el importantísimo papel del comercio tradicional en la recuperación, con criterios de sostenibilidad, de la ciudad o del nuevo urbanismo sostenible, aspecto trascendental que trataremos en otra ocasión..La Carta de Leipzig, de la Comunidad (Mayo, 2007), crea los fundamentos de esa nueva política urbana en Europa que reformula la idea de la renovada ciudad europea con los criterios y mimbres que aquí hemos expuesto.

José Allende, sept.2009